Wednesday, February 27, 2008

¡Cuando un pelao’ como yo, va a un fashion show!

Les voy ha hacer un cuento, basado cien por ciento en la vida real. Solamente es una historia de vivencias y experiencias. Muchas veces me sorprendo cuán camaleón puedo ser. Pero no existe sitio en el que Jorge no se pueda reír. Bueno, les miento, el cementerio o la guerra serían las excepciones. Pero, voy a contarles de la manera más jocosa que pueda lo que viví ayer, mi experiencia religiosa con los “fashionistas”.

Primero, la localidad fue la bolera de Plaza Las Américas. El ambiente estaba “seteado”, pero la coordinación todavía no había llegado. Luego de entrar por las puertas y dirigirnos al área designada, nos detienen pues las que dejaban pasar a las personas no sabían de la existencia de unas ciertas taquillas. Luego de averiguar, convirtieron mi taquilla “V.I.P.” en un sobre archivado. Pero nada, entramos y buscamos “el mejor lugar” para sentarnos. Allí nos sentamos y comenzamos a observar todo. Primero, uno se fija en la decoración, luego hace suposiciones de cómo será el “show”. Comienza a perfilar los distintos personajes de esa obra de teatro. Unas pruebas de cámara para que cuando comience el “show” tener las mejores tomas.

El espectáculo estaba pautado para las 8:00pm, cosa que sabrán no fue así. Esperamos más de hora y media sentados. Vimos como llegó todo el mundo, como algunos de los personajes fueron sentados (“los más importantes”), y para entretenernos, nos llevaron unos tragos, con alcohol por supuesto, porque hay que estar “in”. Luego del primero, vi pasar un sinnúmero de personas sirviendo uno y otro sin percatarse que las dos “baby fashionist” y yo estábamos allí. Me sentí pintura por un momento. Hasta que luego, llegó un “ghetto” mesero, que ese sí nos vio y se ocupó de saciar nuestra sed.

Entonces, fue cuando llegó una “reportera estrella” a cubrir la noticia de gran importancia para la sociedad puertorriqueña, un fashion show. Si no se cubre esto mañana amanece el país desconcertado, amanecemos sin norte. Pero bueno, basta de ironías. Seguimos viendo los desempeños de la reportera, que sólo les puedo decir “te lo vendo al costo”. Siguió llegando personas, y como en toda actividad había unos fotógrafos de www.fotocomemierd.com retratando a los más importantes primero. Claro, que para que no haya una huelga en la bolera y se formara la línea de piquetes retrataron a los no importantes, a los denominados del “ghetto”. Y ahí me deslumbré, aprendí unas técnicas de Fotografía 101, (¿Cómo posar para parecer modelo de catálogo de JcPenny?) con un tipo que hablaba con todas las “modelitos” como si por su boca saliera azúcar y ellas fueran hormigas, que por cierto, tenía aspecto de protagonista de novela fresita.
Luego de esos dramas, y una larga espera, comenzó el tan esperado “show”. En realidad la pasarela estuvo muy buena, modelos que sabían lo que hacían, otras que se confundieron, pero todo muy normal. Como hombre pues hubo ropa que se veía atractiva al ojo, otras no. Pero lo más gracioso fue que, como otras veces, las modelos como que tienen prisa. No se si estoy acostumbrado a ver la televisión, pero van bien rápido, como si las estuvieran esperando en el vestidor. Como siempre, lo que predominó fue la mujer flaquísima, pero bajita. Había hasta una que su muslo podía ser brazo de cualquier hombre no tan grueso. Luego de estresarme, pues como modelaban casi corriendo retratarlas era difícil, además de que como no soy fotógrafo profesional, tengo que soportar que los que lo son se me paren al frente y tapen todos los buenos ángulos.

Cuando esto concluyó, vino el momento de la crítica. Todos, fashionistas como no fashionistas hicieron sus escogidos de lo mejor y peor. Mientras esto sucedía, la pregunta rondante era, ¿si podríamos entrar al VIP como decía la taquilla? Varias fashionistas (las no conocidas por supuesto) tenían esa inquietud. “!Hello! un VIP con Black-guayaba, ganadores de un Grammy Latino, ohhh my god!, yo tengo que estar ahí”. Pues luego de parecer perros con hambre, mami fashion dijo “suban que ustedes andan conmigo”. Subimos al área VIP, me sentí exclusivo y todo (no me crean), pues ahí comenzamos a desplazarnos por esta otra pasarela de tragos caros, mujeres confundiendo verse fashion con estar casi desnudas, otras que se les olvida la edad a la hora de vestir, también pues los hombres no se quedan atrás, tan maquillados que parecían mujeres, o tan metrosexuales que se duda su inclinación. No tengo nada contra los “gays”, pero si se es una cosa, se es una cosa, no andas titubeando entre dos cosas. Ahí también se pueden observar las pirañas saliendo de caza. Y todo se armoniza con una picadera y unos tragos en copas de cristal para verse más “fishu”.

Pues, le tocó el momento a Black-guayaba, pero cabe mencionar que de perro hambriento esperando subir pasamos a estar a 5 pies de los ganadores de un Grammy (¿se supone que me sienta mejor ser humano por esto?). El show estuvo bueno, no lo niego son buena banda, pero nada de morirme por ellos. Allí pues al principio parecía una banda de escuela porque nadie cantaba, todas gritaban pero no coreaban ninguna canción, pero ahí es que el agente alcohol hace su trabajo, porque como en la tercera o cuarta canción ya cantaban hasta los anuncios. Ahí comienzan a gritar y empujar por estar tan cerca que el sudor del cantante te llegue. Pero cabe mencionar un hecho, como efecto del agente “desinhibidor de acciones”, a una muchacha se le cayó el vaso con el líquido fabuloso, bañando con azúcar/alcohol a los cercanos. Molesta al fin no se disculpó con nadie, levantó el vaso del piso y el sobrante, como buena samaritana, lo echó en el vaso de su amiga (¡aunque usted no lo crea!). Buscó una servilleta y se limpió y siguió cantando. Luego, apareció una piraña que le compró otro vaso repleto del líquido perdido.

La banda siguió tocando, unas cuantas canciones más. Y al final hasta los hostigaron, se que se sintieron bien Ricky Martin por un momento. Casi al irse, comerciantes al fin regalaron unos discos, de ellos por supuesto. Y cuando dijeron “el que se acerque aquí se lleva un disco, las mujeres corrieron como si les dijeran hay diamantes en la tarima”. Luego de terminada la banda, nos dirigimos a un “spot” que no estuviera muy cargado para poder hablar. Ahí charlamos por un rato, luego nos marchamos de aquel ambiente tan chic, tan fisno. No lo niego me divertí mucho, pues ves las ironías de la vida. Vez que para algunas personas la vida es tan porquería que ni importa. Me doy cuenta cuan raro soy, cuan diferente, cuan único. Pues muchos de ellos esto que escribo les ofenderá, pues es su ambiente diario. Pero se ve que los matices de la vida son bien diferentes para todos. Es interesante como se ven tantos personajes, disfraces y complejos. Ya ahí tienen la historia de cuando un pelao como yo va a un fashion show. Disfrútense esto es para reírse, no se ofendan los fashinistas, esto es un disfrute.

Jorge Díaz