Monday, April 14, 2008

Playa: Una Belleza de la Vida Puertorriqueña

Me imagino que muchos de ustedes han ido a playas, más aún los compatriotas míos que vivimos en una isla con una playa a menos de una hora en cualquier punto. Y en lo personal a mi me encantan... son bellas, son una demostración de lo que Dios crea para nosotros. A mi me gusta retratarlas, observarlas, entre otras cosas. Pero, de lo que le voy a hablar está lejos de ese tema; está más enfocado a ciertos personajes que uno se encuentra en su estadía por la playa, por lo menos en Puerto Rico. Son unos elementos que típicamente encontrarás siempre. No se ofendan, sólo es lo que piensa un simple loco que escribe lo que ve y ve lo que escribe. Cualquier parecido con su persona es pura casualidad.

¿Por donde empezar si es tan jocoso todo? Pero comencemos con la familia típica puertorriqueña, esta que siempre que va llevan como a quince familiares, una estufa de gas, tres calderos con arroz, carne, habichuelas, cuatro sombrillas para taparte del sol, un toldo de los de F.E.M.A. -para taparte de sol-, una nevera portátil que aproximadamente caben los dos padrinos de los niños y las dieciséis cajas de cervezas que se tomarán los adultos antes de empezar a comprarle a los de los kiosquitos cercanos, ya que en medio día se bebieron las que trajeron (que por cierto fueron compradas en la base por el tío del primo del amigo del vecino de la tía del mejor amigo de Juan. ¿Entendieron?). Esta familia, es bien unida y funcional, pero no se sorprendan en oír palabras soeces entre ellos, es la norma llamar por adjetivos a su semejante especialmente de padre a hijo o de hija a madre, y tal vez, de hijo a hija o viceversa. Los distingues porque los “hombres mayores” (más de 30) tienen una enorme pansa de bebedor compulsivo, llenas de levadura y chuletas fritas. Ahora, “los menores” (menos de 30) parecen fisiculturistas, se beben la cerveza y comen su chuleta pero hacen dos millones de abdominales diarios para tener su “six pack” para modelar. Normalmente llevan un radio y ponen “Z-93”, pero si suena reggaetón también lo bailan y lo trillan.

Luego podemos encontrar el grupito de nenes. Este grupito que los vez y parecen atletas porque todos tienen que si por aquí marcado, que si por acá marcado. Son estos tipos que los miras y te quieren matar con la mirada porque los miraste, pero si eres fémina te desnudan con la mirada. Tratan literalmente de ver atreves de tu ropa, de medirte y hasta saber que juego sexual te gustaría. Todos unos “Walter Mercado” de la sexualidad femenina. Algunos son los más atrevidos, que van donde la chica a decirle unas cuantas barbaridades que ellos creen que se llaman piropos. Los tiran con una sonrisa de yo soy el mejor, el mas sexy y el papi de los “papies” aquí en la playa. Luego te tiran la miradita de tienes que derretirte por mi, y más aún, que vine hasta aquí a decirte unas cuantas cosas que te haría ahora mismo. Pero no me hables de noviazgo que tengo tres hijos no reconocidos, unos ocho más por hacer y no tengo dinero ni para lo que me bebo, porque esta cerveza la puso el pana que trabaja en el bar de la esquina y se las tomó prestadas al jefe. Estos mismos los vez fronteando con su cuerpo, miradas y piropos. Siempre son grupos de diez o más. Y típicamente de los diez, cuando ven una chica, ocho de ellos le dicen algo a ver a cuál de todos le hacen caso.

Ahora bien, chicas no se quedan atrás, también existe un grupito para ustedes. Las nenas son un grupo más pequeño, pero igual de pintoresco. Estas van con trajes de baños muy chiquitos y apretados. A veces pienso que se lo han robado a la hermanita menor. Pero encima se ponen la camiseta -“de traje”- que la recortaron con la tijera de la mamá para que tenga un escote, y así sus atributos mostrar. Estas niñas están en busca de algún “piropero”, como los que mencione anteriormente. Les encanta los piropos sucios y perversos aunque te digan lo contrario. Típicamente son flacas hasta el hueso pero tienen una pancita de levadura, pues casi no comen (porque piensan que si engordan un poquito no las mirara un galante caballero que describa sus atributos en una canción de reggaetón). Normalmente estas llevan un radio donde cantan todas las canciones de las emisoras del país. Es casi un kareoke, sólo que sin poner las letras. Demuestran su talento al estilo de “Objetivo Fama”... fashion horrible, canto regular y dominio escénico malísimo, todo un programa “low budget”. También, van en la búsqueda de su don Juan o José o Jaime o Cris, o quien sea, después que les diga cuatro cosas sexuales y tres mentiras (dónde trabajo, cuán bueno soy y la mejor: eres la mujer más bella que he visto). Entonces, ellas estarán dispuestas a “filtearle”, un rocecito aquí o allá. Ah, eso sí, si alguien las mira se hacen las difíciles aunque se estén muriendo por dentro. Y si alguna expresa su atracción por algún chico en la playa siempre está la atrevida que va a donde el chico y le dice mi amiga tu le gustas, para que el atrevido vaya donde ella a decirle las cuatro cosas y las tres mentiras.

Ahora viene la parte verdaderamente caliente, la chica exhibicionista. Muchachos, prepárense que la vedette llegó. Es esta una chica, que por ser flaca, se cree modelo, y cree que toda modelo tiene que ir casi desnuda a la playa. Se compran estos trajes de baño que apenas cabe lo que tiene que caber. Atrás, pues, un hilito muy chiquitito para que se vean las curvas, arriba muy pequeño también para que el tan sea en casi todo su cuerpo. Típicamente se bañan en aceite para quemarse, en vez de bloqueador solar para protegerse del cáncer. Y obviamente se acuestan boca abajo para que todos vean bien lo obvio, pues desde que entró a la playa las mostraba. Estas niñas les encantan que las miren, como se creen modelos piensan que todos los presentes son fotógrafos. Mientras se las ligan, ellas piensan que son cámaras del lente de “Sport Illustrated” o “Maxim”, aunque pa’ lo que falta “Playboy” debe estar pendiente. Ellas no se meten al agua, sólo modelan su “hermoso” cuerpo. Cogen sol y provocan uno que otro muchacho a ver si es tan atrevido de pagarle la comida y unas bebidas, para luego marcharse.

Pero los hombres no se quedan atrás, lo único es que la versión masculina de los exhibicionistas no es joven, típicamente son bastante adultos los que se creen tienen derecho de perturbar nuestras miradas con su cuerpo envejecido y con poca ropa, hasta bikinis o hilos. Como si su cuerpo fuera tan sensual que a una mujer le llamaría la atención. Estos se creen modelos también, creen que lo que hacen está de moda y se piensan los más “cool”. En lo personal, si la exhibicionista me parece tema de sátira, este es peor. Van corriendo por la playa mostrando su cuerpo al deleite asqueante de los hombres y la vergüenza ajena de las mujeres. Provocan risas de los más desconsiderados al ver dicha “jinchera” al aire. Porque gente, es obvio, lo que no coge sol todos los días siempre se verá más blanco. Y ellos pretenden que con un día de playa enseñándolas se pondrán morenitas. Para eso se acuestan boca arriba para que el público se deleite con sus dotes arrugados. Eso es lo bueno de la libertad de nuestro país, algunos la confunden con libertinaje y nos afectan con sus acciones.

Ahora les toca el turno a los jugadores, si estos tipos que se creen que las personas son las líneas del “outside” y que la malla es imaginaria. Sí, juegan “volleyball” entre las personas para hacerlo más divertido, pues no es gracioso que le den un “peluchaso” al que está lo más tranquilo bebiendo su cerveza o cogiendo sol. O no es gracioso ver como se llena de arena la modelito cogiendo sol al lado de ellos. Estos se enfocan tanto en el juego y son tan competidores que se viven su juego como si fueran las finales en China. Son más serios en su juego que Picky Soto en competencias, así que tienen que dar el todo... aunque todos a su alrededor coman arena o cojan pelotazos. Y es que ni los vendedores se salvan. Según la mentalidad de estos inteligentes jugadores, hasta el que tiene el quiosco lo tiene que mover para que la bola no les dé porque el juego es importantísimo para todo Puerto Rico.

Ahora les toca el turno a los que yo llamo los “break dancers”. Y no es que sean bailarines, pero en el agua son los que se creen los más que hacen piruetas. Se pasan brincando, tirándose, empujándose, haciendo rutinas debajo del agua. Mojando (no es que no me quiera mojarme porque para eso fue me metí al agua, pero no es gracioso que te salpiquen agua sin tu esperarlo en la cara) y chocando con todos a su alrededor. Pero ellos siguen con sus rutinas porque al igual que los jugadores son bien serios en lo que hacen. No trates de hacerlos entrar en razón pues su cerebro es un poco celoso y no los deja más que pensar que lo que hacen está bien. Son muy enfocados y serios, pueden hasta mirarte mal si los interrumpes.

Otra cosa pintoresca son los vendedores ambulantes. Son unos individuos que por una u otra razón se encuentran vendiendo lo que sea en las playas. Te venden desde refrescos y helados hasta pulseras y flores de paja. Encuentras de todo tipo de cosas, algunos te hostigan para que compres, otros les da igual si compras o no. Algunos gritan lo que venden, otros te lo ofrecen y algunos hasta se ofenden que no les compres, como si uno estuviera obligado a comprarles. Pero son cosas que suceden y con las que vivimos y no importa cuantas veces nos hostigan, decimos que no y seguimos disfrutando el mar.

Otro indicativo playero no son los salvavidas, no son los trajes de baño pequeñitos, no, lo es el alcohol. Este liquidito embriagante que hace que la playa sea más divertida (no me crean). Aunque déjenme decirles, algunos piensan que es así, o por lo menos asocian linealmente la playa con el alcohol. Como si fuera compulsorio amarrar una cosa con la otra. Vas para la playa, tienes que llevar alcohol. Es una maldita unión que aquí le hacemos en este país a las cosas con el alcohol. Podría escribir un libro de eso, pero sólo me mantendré en la línea de la playa. Tanto el familión como el corillo de imprudentes lo llevan. Es un mal común dominante en la gran mayoría. Entonces, trae consigo los problemas típicos como: el cambio en el estado anímico, el aumento de la basura, la disminución de las ganas de recoger, empiezan a creer que sus mujeres son sirvientas, que los policías nunca los verán, que la playa es de ellos completa y que todos se tienen que mover a su paso. Muchos ni hablan si no tienen una cerveza en la mano, es como ¡ah, no tengo una cerveza! ¡Tengo un problemón! ¡Desastre nacional! Pero ahí va la otra, siempre aparece otra. Y algunas mujeres -las más “fishu”- se llevan su botellita de vino o su licor para mezclar y parecer “high class”, pues su vaso combina con la cartera, que combina con las hebillas del pelo, que combinan con el traje de baño, el cual obviamente combina con la playa. Pero al final de cuentas, es alcohol, la misma línea de pensamiento que tiene el pobre que bebe la tiene el rico que se emborracha.

Aquí tienen un breve resumen de cosas que encontrarás en cualquier playa de esta bendita Isla. Pero no se asusten, todo esto pasa y ustedes ni se dan cuenta muchas veces, pues vivimos ahogados en el yo-ismo, no importa. Sólo pocos nos percatamos de estas cosas, normales a los ojos del mundo. Y yo como anormal las escribo para rascar su orgullo machista o feminista. Las escribo para que se rían un poco, total, pasan y no se enteran. Diviértanse con esta porque con todo y personajes la playa es un éxito, además de hermoso.

Jorge Díaz